Hay algo que muchos tutores normalizan: que su perro “huela a perro”. Pero la realidad es que un olor corporal fuerte, persistente o desagradable no siempre es normal. A veces aparece por acumulación de suciedad, grasa, humedad, saliva, residuos ambientales o falta de higiene oral. Otras veces puede estar relacionado con problemas de piel, oídos, boca o glándulas anales.
La buena noticia es que no siempre necesitas bañar más a tu peludo para que huela mejor. De hecho, bañar en exceso puede alterar la piel, resecar el manto y empeorar la sensación de incomodidad. Lo ideal es tener una rutina de cuidado entre baños que ayude a mantener la piel limpia, el pelaje fresco y las zonas de mayor olor bajo control.
En Purrs&Barks creemos que el mal olor no se debe tapar con perfumes. Primero se limpia, luego se cuida y finalmente se aromatiza de forma segura.